sábado, 7 de abril de 2012

El volante
Cuando nos sentamos al volante, nos transformamos... o al menos eso siempre me pasa a MÍ. Desde que era un niño me han encantado los coches, en especial los Volkswagen. ¿Por qué hablar de eso? Porque esta tarde vi a un coche accidentado y me aventé un "reverzaso" en la carretera sin pensarlo dos veces.
Eran unos jóvenes que a todas luces se veían demasiado jóvenes para ir en carretera, y el conductor, el único hombre estaba más que confundido, asustado... las dos chicas histéricas y la copiloto, inconsciente.
Afortunadamente -lo investigué después en la Cruz Roja- la chica vivirá. Aunque me asaltaron las dudas al ayudarla: sangraba profusamente y la sangre le escurría por el costado, y al ver la frente tenía un agujero que en ese momento me pareció enorme, se le veía el cráneo... pero basta de amarillismo.
Si lo describo es porque mi esperanza es que mis alumnos, los jóvenes que lean ésto sean más cuidadosos. Es más, no sólo los jóvenes sino todos nosotros.

Planea tu ruta, sal con tiempo, maneja con calma y si alguien se aloca y te da un cerrón, te avienta una mentada, déjalo ir con una bendición y sigue tu camino, en paz. El mejor premio para un conductor es llegar a tu destino sano y salvo.

¡Ah! Y haz que los pasajeros en el asiento trasero se pongan el cinturón. Esta chica tenía la cabeza rota por un cabezaso de la chica que iba atrás de ella.

¡Buena suerte al volante!

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